¿Se identifican con algún estilo afectivo?. ¿En las frases o actitudes?. Yo sí. Sin pudor. He sido (en el pasado) sin radicalismos claro, una mezcla del estilo antisocial y del esquizoide, por ejemplo. Errores de veinteañera, supongo.Por cierto, a los don perfectos/as, a los que este asunto le suena a latín y griego, les pregunto: ¿Quién nos enseña a querer?. De forma sana, me refiero. ¿Nunca se han enamorado de la persona equivocada?.
Entonces, deduzco que llegados a cierta edad sus padres se han sentado con l@s perfect@s para explicarles qué son los sentimientos, las emociones, las distintas clases de amor y de malos amores...
Vaya, qué suerte. A mí no. Ni clases particulares. Como con la bicicleta, aprendiendo en marcha y con algún tortazo que otro.
Esta clasificación (la expuesta en la segunda parte) no es aplicable a rolletes, medio conquistas y amantes paralelos.
Apenas se conocen ellos y ¿nos van a conocer a nosotros?. Es más, dudo que en tales casos se quiera entrar en profundidades más allá o acá de pasarlo bien.
Walter Riso enmarca estas frases y prototipos en situaciones de parejas que conviven, quizá desde hace años, y descubren que pese al amor mutuo que les une, la relación no funciona.
Como he dicho, a mí me tocó un pasivo-agresivo sin tener idea de qué era ese lío de personas.
Un lío, sí, porque, en ocasiones, les coronan toques y guindas narcisistas, antisociales, histriónicos, paranoicos y otros.
Pero, en el fondo, el carácter subyacente es ése. Estar quieto como forma de ataque y sabotear a la pareja, a la que más que amar, adoran. No intentéis entenderlo, vale con razonarlo.
En los pasivos-agresivos, si no se ataca el origen de su comportamiento, no hay nada que hacer a su lado. A no ser que tengas vocación mesiánica y perder el tiempo no te afecte.
El autor y psicólogo clínico ofrece pinceladas muy elocuentes sobre su conducta habitual. Conste que he intentado resumir, tarea conplicada con estos entes tan complejos. Veamos:
La conducta huidiza, evitativa y provocadora de los sujetos pasivos-agresivos van transformando el amor en irritación y frustración crecientes.
Ames cuanto ames, el sujeto pasivo-agresivo será un conspirador de la relación y a la vez incapaz de renunciar a ella.
Una cosa es ser tranquilo, no dejarse llevar por la impulsividad y la ansiedad y sentirse en paz con uno mismo, y otra cosa muy distinta hacer del letargo y la disciplencia una forma de vivir.
Un cirujano que opera sin prisa es cuidadoso, pero un bombero sin prisa es un peligro social.
Ciertas dosis de tranquilidad, sobre todo las que se convierten en un instrumento de lucha o de venganza son especialmente dolorosas y generan altas dosis de agresividad.Las personas pasivo-agresivas se debaten en una ambivalencia interpersonal angustiante: necesitan tener una figura de autoridad/protección (la pareja), ya que se ven a sí mismos como débiles y faltos de soporte, pero al mismo tiempo necesitan sentirse libres e independientes de cualquier control (la pareja).
El amor se convierte para ellos en una problema de doble vía: si me das afecto, malo (me asfixia), y si no me lo das, también (no soporto la soledad). Ni contigo ni sin ti.
Para colmo, el juego de acercarse y alejarse de la pareja de manera intermitente depende de su estado de ánimo.
Reacción de la pareja-víctima (testimonio de una mujer expuesto en el libro): De tanto intentar complacerlo y no poder satisfacerlo, hubo un tiempo en que creía que el problema lo tenía yo....
Me decía una y otra vez, ¿qué hago mal?. ¿Por qué no soy capaz de satisfacer a este hombre?. Y después entendí que nadie podía darle la medida, absolutamente nadie...Se necesitaría a alguien con doble personalidad y yo a duras penas tengo una...
¿Qué estrategia utiliza entonces el pasivo-agresivo para tratar de resolver el conflicto mencionado?. Quedarse a mitad de camino y apelar a la ley del mínimo esfuerzo.
Más concretamente: la táctica consiste en hacer uso de las ventajas que brinda la pareja (protección, seguridad), sin asumir ningún compromiso ni incomodarse.
Aceptar al otro a regañadientes y recordárselo cada vez que pueda. De ahí surgen los comportamientos oposicionistas, el sabotaje y la resistencia: Te acepto a medias, pero no quiero perderte del todo.
La protesta pasivo-agresiva no es amigable, es una propuesta tortuosa y dañina para quienes la padecen. El amor es visto como una mal necesario, al cual hay que torpedear pero no eliminar.En esencia, los olvidos, las impuntualidades, los trabajos mal hechos y cosas por el estilo configuran una forma de terrorismo afectivo y psicológico, dirigido a perturbar el orden establecido.
La premisa de la que parten es inmanejable: el amor es coercitivo y por lo tanto hay subvertirlo.
El sabotaje puede estar acompañado de excusas y altas dosis de cinismo, que desesperan una vez más a las víctimas.
Quizá una de las características más insoportables sea su habilidad para ponerle al buen tiempo mala cara. Como pájaros de mal agüero viven en un holocausto imaginado. Su máxima es: Lo peor está por venir.
Existen dos creencias que obran como un impulso irrefrenable en este tipo de personas: La ternura excita y la fragilidad me produce ternura.
La conclusión es definitivamente contraproducente: la debilidad del otro me atrae y me seduce. Y no hablo de dar amor sanamente, sino de la tendencia a convertirse en cuidadores crónicos.
Los sujetos pasivos-agresivos muestran esa faceta de desprotección/indefensión que, sin ser constante, es suficiente para que los papás y las mamás de turno se sientan conmovidos.
Si entras en el esquema del proteccionismo afectivo, vale la pena revisarlo. Las personas proteccionistas esconden un sentido de la responsabilidad desproporcionado y una idea de culpa.
Si no cambias esa manera de relacionarte con los demás, los individuos pasivo-agresivos seguirán ejerciendo sobre tí una atracción difícil de controlar: serás un adicto-a a la debilidad ajena.
Por otra parte, el esquema de despreocupación/comodidad amorosa se caracteriza por cierta indolencia hacia la pareja y un mínimo espíritu de sacrificio.
Se fundamenta en la creencia irracional de que las relaciones afectivas no requieren de ninguna o, en todo caso, poca obligación. La premisa infantil y cómoda es: Quiero mantener una relación sin esfuerzo y sin complicaciones de ningún tipo.
Para estar con una pareja pasivo-agresiva se necesita de mucha paciencia y vocación de servicio, porque la reacción natural que genera el amor subversivo es ira, impotencia y pérdida de control.
Tendrás que aprender a moverte entre los extremos de un conflicto no resuelto y adaptarte a una aproximación lejana y un alejamiento cercano. La palabra clave es la indefinición.
Un día podrá estar cerca de tí, añorando independencia, y otro día se mostrará distante, demandando la seguridad que le brindas. Sentirás a veces que te necesita y otras te rechaza.
A veces, dirá que eres una persona intrusiva, exigente, entrometida, controladora o dominante, y otras te evaluará como alguien capaz de aceptación, aprobación y cuidados. Libre y no libre, apegado y no apegado. ¿Cómo soportar este ajetreo y seguir amando?.
Ante semejante panorama, las personas recurren a dos formas básicas de afrontamiento: ser cuidadores condescendientes y adoptar al otro, o bien iniciar un movimiento contrainsurgente.
En la primera, la estrategia es claramente masoquista o inspirada en algún tipo de entrega espiritual, y en la segunda, a favor de la guerra: rebelarse contra la rebeldía y reprimir la asomada.
Los que eligen la segunda opción de línea dura no están dispuestos a dejarse manipular por la ambivalencia del amor subversivo y exigirán una solución al conflicto de base y a los problemas de la vida cotidiana.
Aunque la posición fuerte apunta a construir una relación honesta y democrática, la consecuencia inicial será que el pasivo-agresivo incremente sus actos subversivos y sus tácticas perturbadoras.
El amor será cada día más opositor y podría llevar a una ruptura definitiva. La estructura mental del pasivo-agresivo confunde la conducta normal de defender los derechos o decir no con la imposición y el autoritarismo.
Por lo tanto, tu estrategia contrainsurgente será interpretado como una confirmación de que eres un ser despótico y absolutista.
Si la estrategia llegara a ser exitosa podrían pasar dos cosas: que gracias al miedo a perderte acepte una ayuda psicológica o que prime su deseo de libertad y se retire con indignación a buscar a alguien menos controlador y problemático.
En el primer caso estaría bajo la lupa de un profesional y en el segundo te habrá tocado la lotería.
Sobra decir que durante el tiempo que se prolongó aquella relación adopté la estrategia contrainsurgente y esto provocó la ruptura.
Mi marcha no fue más que el golpe mortal necesario para cesar las hostilidades por la vía rápida. Se trata de un tipo de pareja, en las que se dan ese tipo de situaciones que se van enquistando al extremo de que te puedes llegar a acostumbrar para los restos. Se hace normal lo que no lo es en absoluto.
Valga un ejemplo: en los sucesivos email y sms posteriores al bye bye, el pasivo-agresivo llegó a escribir que echaba de menos mis caritas de enfado, mis malos humores, mi carácter, entre otros.
Lo que faltaba, dije, no es sólo que le vaya la marcha, es que le parece fantástico y saludable que su mera presencia me irrite.
Damas y caballeros, están enfermos. No reserven dudas. Si la resignación y el conformismo unido a una pareja de calidad dudosa no entra en sus planes, no dejen resquicios a estos seres encantadores como príncipes de cuento y dañinos como el cianuro en vena.
En su momento, las reflexiones de Riso fueron un espejo retrospectivo en el que mirar desde arriba el agujero emocional al que fui dolorosa y extrañamente sometida.
Transcurrido el tiempo, bastante tiempo, su resistencia ha logrado que mantengamos un cierto contacto de conocidos.
Cuando veo venir al indeseable que lo domina y destruye, asesto sin piedad: Anda, anda, mete a tu pasivo-agresivo en el armario, que no cuela. Prueba con las frikis girls. Sonrío y sigo mi camino.
La gata sobre el tejado de zinc. Creo que una peli valen más que mil posts, a veces. Escena diáfana y patética en la que ella lucha y se revuelve, con las escasas armas que tiene, para afrontar un problema de fondo que ha herido a la pareja y él...se resiste.
Adivinen quién de los dos se muestra pasivo y agresivo. Además de quieto, lento, silencioso, evita el contacto visual, subversivo....Me encanta.
Nota: Recupero el post, a la vista del interés mostrado. Fue escrito el 28-10-2009








Por si acaso...