domingo 18 de marzo de 2012

Pasivos-agresivos...huye (3ª y última parte)

¿Se identifican con algún estilo afectivo?. ¿En las frases o actitudes?. Yo sí. Sin pudor. He sido (en el pasado) sin radicalismos claro, una mezcla del estilo antisocial y del esquizoide, por ejemplo. Errores de veinteañera, supongo.

Por cierto, a los don perfectos/as, a los que este asunto le suena a latín y griego, les pregunto: ¿Quién nos enseña a querer?. De forma sana, me refiero. ¿Nunca se han enamorado de la persona equivocada?.

Entonces, deduzco que llegados a cierta edad sus padres se han sentado con l@s perfect@s para explicarles qué son los sentimientos, las emociones, las distintas clases de amor y de malos amores...

Vaya, qué suerte. A mí no. Ni clases particulares. Como con la bicicleta, aprendiendo en marcha y con algún tortazo que otro.

Esta clasificación (la expuesta en la segunda parte) no es aplicable a rolletes, medio conquistas y amantes paralelos.  

Apenas se conocen ellos y ¿nos van a conocer a nosotros?. Es más, dudo que en tales casos se quiera entrar en profundidades más allá o acá de pasarlo bien.

Walter Riso enmarca estas frases y prototipos en situaciones de parejas que conviven, quizá desde hace años, y descubren que pese al amor mutuo que les une, la relación no funciona.

Como he dicho, a mí me tocó un pasivo-agresivo sin tener idea de qué era ese lío de personas.

Un lío, sí, porque, en ocasiones, les coronan toques y guindas narcisistas, antisociales, histriónicos, paranoicos y otros.

Pero, en el fondo, el carácter subyacente es ése. Estar quieto como forma de ataque y sabotear a la pareja, a la que más que amar, adoran. No intentéis entenderlo, vale con razonarlo.

En los pasivos-agresivos, si no se ataca el origen de su comportamiento, no hay nada que hacer a su lado. A no ser que tengas vocación mesiánica y perder el tiempo no te afecte.

El autor y psicólogo clínico ofrece pinceladas muy elocuentes sobre su conducta habitual. Conste que he intentado resumir, tarea conplicada con estos entes tan complejos. Veamos:

La conducta huidiza, evitativa y provocadora de los sujetos pasivos-agresivos van transformando el amor en irritación y frustración crecientes.

Ames cuanto ames, el sujeto pasivo-agresivo será un conspirador de la relación y a la vez incapaz de renunciar a ella.

Una cosa es ser tranquilo, no dejarse llevar por la impulsividad y la ansiedad y sentirse en paz con uno mismo, y otra cosa muy distinta hacer del letargo y la disciplencia una forma de vivir.

Un cirujano que opera sin prisa es cuidadoso, pero un bombero sin prisa es un peligro social.

Ciertas dosis de tranquilidad, sobre todo las que se convierten en un instrumento de lucha o de venganza son especialmente dolorosas y generan altas dosis de agresividad.

Las personas pasivo-agresivas se debaten en una ambivalencia interpersonal angustiante: necesitan tener una figura de autoridad/protección (la pareja), ya que se ven a sí mismos como débiles y faltos de soporte, pero al mismo tiempo necesitan sentirse libres e independientes de cualquier control (la pareja).

El amor se convierte para ellos en una problema de doble vía: si me das afecto, malo (me asfixia), y si no me lo das, también (no soporto la soledad). Ni contigo ni sin ti.  

Para colmo, el juego de acercarse y alejarse de la pareja de manera intermitente depende de su estado de ánimo.

Reacción de la pareja-víctima (testimonio de una mujer expuesto en el libro): De tanto intentar complacerlo y no poder satisfacerlo, hubo un tiempo en que creía que el problema lo tenía yo....

Me decía una y otra vez, ¿qué hago mal?. ¿Por qué no soy capaz de satisfacer a este hombre?. Y después entendí que nadie podía darle la medida, absolutamente nadie...Se necesitaría a alguien con doble personalidad y yo a duras penas tengo una...

¿Qué estrategia utiliza entonces el pasivo-agresivo para tratar de resolver el conflicto mencionado?. Quedarse a mitad de camino y apelar a la ley del mínimo esfuerzo.

Más concretamente: la táctica consiste en hacer uso de las ventajas que brinda la pareja (protección, seguridad), sin asumir ningún compromiso ni incomodarse.

Aceptar al otro a regañadientes y recordárselo cada vez que pueda. De ahí surgen los comportamientos oposicionistas, el sabotaje y la resistencia: Te acepto a medias, pero no quiero perderte del todo.

La protesta pasivo-agresiva no es amigable, es una propuesta tortuosa y dañina para quienes la padecen. El amor es visto como una mal necesario, al cual hay que torpedear pero no eliminar.

En esencia, los olvidos, las impuntualidades, los trabajos mal hechos y cosas por el estilo configuran una forma de terrorismo afectivo y psicológico, dirigido a perturbar el orden establecido.

La premisa de la que parten es inmanejable: el amor es coercitivo y por lo tanto hay subvertirlo.

El sabotaje puede estar acompañado de excusas y altas dosis de cinismo, que desesperan una vez más a las víctimas.

Quizá una de las características más insoportables sea su habilidad para ponerle al buen tiempo mala cara. Como pájaros de mal agüero viven en un holocausto imaginado. Su máxima es: Lo peor está por venir.

Existen dos creencias que obran como un impulso irrefrenable en este tipo de personas: La ternura excita y la fragilidad me produce ternura.

La conclusión es definitivamente contraproducente: la debilidad del otro me atrae y me seduce. Y no hablo de dar amor sanamente, sino de la tendencia a convertirse en cuidadores crónicos.

Los sujetos pasivos-agresivos muestran esa faceta de desprotección/indefensión que, sin ser constante, es suficiente para que los papás y las mamás de turno se sientan conmovidos.

Si entras en el esquema del proteccionismo afectivo, vale la pena revisarlo. Las personas proteccionistas esconden un sentido de la responsabilidad desproporcionado y una idea de culpa.

Si no cambias esa manera de relacionarte con los demás, los individuos pasivo-agresivos seguirán ejerciendo sobre tí una atracción difícil de controlar: serás un adicto-a a la debilidad ajena.

Por otra parte, el esquema de despreocupación/comodidad amorosa se caracteriza por cierta indolencia hacia la pareja y un mínimo espíritu de sacrificio.

Se fundamenta en la creencia irracional de que las relaciones afectivas no requieren de ninguna o, en todo caso, poca obligación. La premisa infantil y cómoda es: Quiero mantener una relación sin esfuerzo y sin complicaciones de ningún tipo.

¿Y la víctima?

Para estar con una pareja pasivo-agresiva se necesita de mucha paciencia y vocación de servicio, porque la reacción natural que genera el amor subversivo es ira, impotencia y pérdida de control.

Tendrás que aprender a moverte entre los extremos de un conflicto no resuelto y adaptarte a una aproximación lejana y un alejamiento cercano. La palabra clave es la indefinición.

Un día podrá estar cerca de tí, añorando independencia, y otro día se mostrará distante, demandando la seguridad que le brindas. Sentirás a veces que te necesita y otras te rechaza.

A veces, dirá que eres una persona intrusiva, exigente, entrometida, controladora o dominante, y otras te evaluará como alguien capaz de aceptación, aprobación y cuidados. Libre y no libre, apegado y no apegado. ¿Cómo soportar este ajetreo y seguir amando?.

Ante semejante panorama, las personas recurren a dos formas básicas de afrontamiento: ser cuidadores condescendientes y adoptar al otro, o bien iniciar un movimiento contrainsurgente.

En la primera, la estrategia es claramente masoquista o inspirada en algún tipo de entrega espiritual, y en la segunda, a favor de la guerra: rebelarse contra la rebeldía y reprimir la asomada.

Los que eligen la segunda opción de línea dura no están dispuestos a dejarse manipular por la ambivalencia del amor subversivo y exigirán una solución al conflicto de base y a los problemas de la vida cotidiana.

Aunque la posición fuerte apunta a construir una relación honesta y democrática, la consecuencia inicial será que el pasivo-agresivo incremente sus actos subversivos y sus tácticas perturbadoras.

El amor será cada día más opositor y podría llevar a una ruptura definitiva. La estructura mental del pasivo-agresivo confunde la conducta normal de defender los derechos o decir no con la imposición y el autoritarismo.

Por lo tanto, tu estrategia contrainsurgente será interpretado como una confirmación de que eres un ser despótico y absolutista.

Si la estrategia llegara a ser exitosa podrían pasar dos cosas: que gracias al miedo a perderte acepte una ayuda psicológica o que prime su deseo de libertad y se retire con indignación a buscar a alguien menos controlador y problemático.

En el primer caso estaría bajo la lupa de un profesional y en el segundo te habrá tocado la lotería.
 
Sobra decir que durante el tiempo que se prolongó aquella relación adopté la estrategia contrainsurgente y esto provocó la ruptura.

Mi marcha no fue más que el golpe mortal necesario para cesar las hostilidades por la vía rápida. Se trata de un tipo de pareja, en las que se dan ese tipo de situaciones que se van enquistando al extremo de que te puedes llegar a acostumbrar para los restos. Se hace normal lo que no lo es en absoluto.

Valga un ejemplo: en los sucesivos email y sms posteriores al bye bye, el pasivo-agresivo llegó a escribir que echaba de menos mis caritas de enfado, mis malos humores, mi carácter, entre otros.  

Lo que faltaba, dije, no es sólo que le vaya la marcha, es que le parece fantástico y saludable que su mera presencia me irrite.

Damas y caballeros, están enfermos. No reserven dudas. Si la resignación y el conformismo unido a una pareja de calidad dudosa no entra en sus planes, no dejen resquicios a estos seres encantadores como príncipes de cuento y dañinos como el cianuro en vena.

En su momento, las reflexiones de Riso fueron un espejo retrospectivo en el que mirar desde arriba el agujero emocional al que fui dolorosa y extrañamente sometida.

Transcurrido el tiempo, bastante tiempo, su resistencia ha logrado que mantengamos un cierto contacto de conocidos.

Cuando veo venir al indeseable que lo domina y destruye, asesto sin piedad: Anda, anda, mete a tu pasivo-agresivo en el armario, que no cuela. Prueba con las frikis girls. Sonrío y sigo mi camino.

La gata sobre el tejado de zinc. Creo que una peli valen más que mil posts, a veces. Escena diáfana y patética en la que ella lucha y se revuelve, con las escasas armas que tiene, para afrontar un problema de fondo que ha herido a la pareja y él...se resiste.

Adivinen quién de los dos se muestra pasivo y agresivo. Además de quieto, lento, silencioso, evita el contacto visual, subversivo....Me encanta.



Nota: Recupero el post, a la vista del interés mostrado. Fue escrito el 28-10-2009

jueves 3 de noviembre de 2011

Mamá valiente. Mamá ha muerto


Explica la prolongada ausencia de este blog. No hay palabras para lo que se siente en momentos así. Vacío con intenso dolor resumiría el cúmulo de sensaciones que recorren el cuerpo y el alma. Mi madre murió tranquila y en paz el 31 de octubre de 2011. En su casa, con los suyos cerca, sin dolor y al alba. Se fue, sin más.


Personalmente, cuidar a una madre que se muere a cámara lenta (cáncer) es lo más enriquecedor y, al mismo tiempo, traumático que me ha pasado en la vida. Da igual el tipo de relación que mantuviera con ella previamente a la enfermedad. Mamá es y será mamá siempre. La enfermedad ennoblece, provoca cambios internos inexplicables en el que la sufre y en los que cuidan del enfermo/a. Nos hace mejores, seguro, nos obliga a mirar hacia dentro e indagar sobre lo que podemos aportar para mejorar el bienestar de una vida que tiene un punto y final seguro.

La visión de la fragilidad humana marca. De una manera definitiva. Se quiera o no, te hace mejor persona. Limpiar, bañar, acompañar, animar a una persona consciente de que se va, transforma todo. Y lo complica también. ¿Cómo manejar la impotencia, la rabia del no hay tratamiento, de sus inmensas ganas de vivir pese a la gravedad de la situación?.

Mi madre era sublime en su grandeza y en sus miserias. Única porque me parió. Le costó lidiar con la niña especialita, la distinta. Algo hizo bien. Dejarme libre para aprender sola y, a veces, a base de fuertes decepciones, qué es la vida. Me enseñó a volar, a sobrevivir sin ella. Se hizo prescindible. Me forzó a cultivarme a fondo para convertirme en lo contrario a ella. Éramos modelos de mujer diferentes y, al final, aceptó mi libertad. Me aceptó tal cual era. La pelea por cambiar a la hija terminó, incluso antes de estar enferma.

En su manera de morir, me ha enseñado a ser valiente en las circunstancias más difíciles que se pueda imaginar. También inconformista con el destino previsto. No dejó de luchar, de creer en sí misma hasta el último instante. Vivió hasta morir. Jugó todas las bazas, todas las posibilidades. No dudó en convertirse en conejillo de indias, como ella decía, en manos de los médicos, con tal de vivir un día más. Yo no sería capaz, ella sí.

Me esperó para morir. Eso no lo olvidaré jamás. Es imposible obviar una lección de vida y muerte. El pasado domingo por la noche regresé de un maravilloso fin de semana con un amigo al que quiero demasiado. Tanto que dejé a mi madre en manos de mis dos hermanos desde el viernes por la noche para descansar del intenso cuidado al que la tenía acostumbrada desde su última salida del hospital, a mediados de octubre.

A la vuelta, el domingo, descansada y con las pilas recargadas de sol, playa y bonitas charlas, entré a su habitación (vivía conmigo). La saludé y ella me recibió con una de esas sonrisas abiertas que no dejan indiferente. Pletórica, bromeaba con el tipo de relación que mantenía con mi amigo. Entre otras le dije, no mamá, que no hay nada de sexo. Sólo amigos, creo. Responde: Si ya (incrédula, risas pícaras). Me miraba fijamente, atravesándome las entrañas. Extrañada por esa mirada, al mismo tiempo tan feliz y penetrante, le aparté la mía tímidamente. Me sentí intimidada por su forma de mirarme. Paz y euforia entremezcladas en unas pupilas más chispeantes que nunca y que no supe interpretar.

Me despedí hasta el día siguiente y salí de la habitación acompañada de mis hermanos, que me informaron de lo acontecido durante el fin de semana respecto a sus comidas, pastillas y cuidados varios.

Al día siguiente. Hora de desayunar. Entro a su habitación a darle los buenos días, como siempre. Mamá yacía sin vida en la cama. Eso se sabe. Estaba relajada, como dormida, pero no respiraba. No entendía por qué, estaba calentita entre sus sábanas y....después de llamarla, tocarla y tratar de despertarla, salí de la habitación. No había nada que decir. Estaba todo claro. Llamé al teléfono de emergencias. Destrozada.

Mi madre me ha enseñado a morir con dignidad. A saber morir. Y a odiar el cáncer. No porque sea cáncer en sí mismo, sino por la vida que quita mientras actúa. Es caprichoso, cruel, injusto, no perdona. Se presenta para joder segundo a segundo. No mata al instante, ojalá, y sus idas y venidas da esperanzas innecesarias al enfermo/a y familiares.

También me ha enseñado que todo lo que vivimos es mentira. Crees que construyes una vida esperando vivirla en el presente y en el futuro, y es mentira, un espejismo. Un día cualquiera, hayas planificado el mejor de los futuros, ya no lo tienes. Es cuestión de tiempo y suerte. No está bajo control. Nos empeñamos en especular, en proyectar, pero la realidad es que ni el presente ni el futuro depende enteramente de nuestra santa voluntad.

Sólo me resta decir que la ausencia de una madre, máxime si se muere joven como la mía, no se supera, se sobrelleva. Su no presencia me ha dejado unas lecciones que debo aprender sin más dilación a partir de ahora. Empiezo una nueva etapa en todos los sentidos. Desde cero en la mayoría.

Soy mejor, me siento mejor persona que antes. Ya no soy la de antes y siento cambios fulminantes e irreversibles. Gracias mamá por tu legado. Supiste vivir y morir con una entereza inimaginable. La sabemos tú y yo únicamente. Es nuestro secreto. Como conozco tu generosidad, he decidido compartirlo en este blog. Te lo mereces. Tengo muchas cosas que aprender de tí desde este preciso instante.

Estás. Seguro que me reencuentro contigo. Esto no se acaba aquí. 

Te quiero mamá




domingo 17 de julio de 2011

Certificado de existencia



Tenía abandonados mis supuestos abandonos. Es hora de seguir con las buenas costumbres. Reinicio con Certificado de existencia, Mario Benedetti.

Ah ¿quién me salvara de existir?
Fernando Pessoa, dijo el fulano presuntuoso.

Hoy en el Consulado
obtuve el habitual
Certificado de Existencia

Consta aquí que estoy vivo
de manera que basta de calumnias

Este papel soberbio, irrefutable
atestigua que existo

Si me enfrento al espejo
y mi rostro no está
aguantaré sereno,
despejado

¿No llevo acaso en la cartera
mi recién adquirido,
mi flamante
Certificado de Existencia?

Vivir, después de todo
no es tan fundamental,
lo importante es que alguien
debidamente autorizado
certifique que uno probadamente existe

Cuando abro el diario y leo
mi propia necrológica
me apena que no sepan
que estoy en condiciones
de mostrar dondequiera
y a quien sea
un vigente prolijo y minucioso
Certificado de Existencia

Existo
luego pienso
¿Cuántos zutanos andan por la calle
creyendo que están vivos
cuando en rigor carecen del genuino
irremplazable
soberano
Certificado de Existencia?


sábado 8 de enero de 2011

Volver a empezar



Estimados/as internautas, el año 2011 ya está aquí y lejos de justificar una ausencia, la mía, opto por volver a empezar en forma de poesía. Feliz año a todos, especialmente a los seguidores de este este que es vuestro blog. Muchas gracias. Siempre se puede volver a empezar ¿verdad?.

 La distraída 

No estás ya aquí. Lo que veo
de ti, cuerpo, es sombra, engaño.
El alma tuya se fue 
donde tú te irás mañana.  
Aún esta tarde me ofrece
falsos rehenes, sonrisas
vagas, ademanes lentos,
un amor ya distraído.
Pero tu intención de ir
te llevó donde querías
lejos de aquí, donde estás
diciéndome:
«aquí estoy contigo, mira».
Y me señalas la ausencia.

Pedro Salinas en "La voz a tí debida"

sábado 25 de septiembre de 2010

Septiembre e-retuning

Días que parecen espuma y meses que se presentan como una sucesión  de días encadenados por rutinas e imprevistos. Por no hablar que antes, y me refiero a antes del boom de Internet, las horas duraban cada una 60 minutos, ahora he perdido la cuenta. Una hora equivale a poco. 

Menos lavarse los dientes, creo, casi todo lo que se haga se prolonga más de un hora. Bueno, ahora que lo pienso, obvio muchas actividades como cocinar, hacer deporte, lavar el coche o realizar las tareas del hogar. 

De repente, hay súper hombres y mujeres que son capaces de afrontar cualquiera de las actividades descritas en el tiempo que dura una hora de reloj. También descarto infractividades como l@s patétic@s adict@s o aficionad@s al sexo express, por ejemplo, que despachan sus encuentros sexuales en menos de una hora. Caso aparte. 

No me ha hecho mucha gracia ver mi última vez aquí por aquello del tempus fugit, pero lo hecho está hecho, que diría Shakira en una de sus canciones inentendibles. Un paseo por clases de dicción no le vendrían mal a la diva, por cierto.

La parte positiva de la ausencia virtual es precisamente la cantidad de reflexiones, anécdotas y otros  inclasificables acumulados. Hay mucho material mentalmente reservado que quiere fluir y le dejaré hacerlo. Buscaré la hora o los 60 minutos. Al fin y al cabo, "vosotros (el sistema) tenéis los relojes, nosotros tenemos el tiempo" (proverbio popular cuya autoría no me atrevo a atribuir a un sólo autor después de probar en Google).

Para empezar con buen ritmo, discotequero por qué no, una 'pieza' bailonga. 


miércoles 4 de agosto de 2010

¿Cómo son los manipuladores?

Ahora que estamos en pleno mes de agosto y asueto, he repasado un libro bastante útil y breve, Cómo hacer frente a los manipuladores, escrito al alimón por Gloria Hussmann y Graciela Chiale

En él, se describe y resume el perfil y las estrategias de las personas manipuladoras y de las manipuladas. Sirve para casi todos los campos de la vida y se aproxima más al terreno de la inteligencia emocional, ésa que apenas se enseña en las escuelas, que a otras parcelas menos edificantes como la verborreica autoayuda. 

Sin más, les anoto los 43 rasgos de la personalidad de los manipuladores pero antes, algo importante a tener en cuenta, es que “todos podemos tener algunas de estas peculiaridades" y no por ello seremos el tipo de manipuladores retratados en el libro, advierten las autoras en el preámbulo.

Precisan, además, que es necesario marcar la diferencia entre una estructura de personalidad manipuladora y las manipulaciones realizadas ocasionalmente, de la misma manera que existe una gran diferencia entre un mentiroso patológico y una persona que miente de vez en cuando. Ahí van: 
  1. Utilizan múltiples camuflajes para confundir a sus víctimas.
  2. Algunos son fácilmente irritables, reaccionan desmesuradamente ante cualquier circunstancia que les moleste. Pueden llegar incluso a ser violentos.
  3. Algunos se muestran amables o seductores socialmente y en la intimidad con su víctima se comportan de manera opuesta.
  4. Son generalmente impredecibles. Nunca se sabe qué es lo que los enoja y cómo actuarán en consecuencia.
  5. Se desentienden de sus propias responsabilidades, logran transferirlas a los demás y los cuestionan cuando los resultados no son lo que ellos esperaban.
  6. Son muy eficaces para lograr sus fines a costa de otras personas.
  7. Inducen a otros a hacer cosas que no harían a partir de sus propias convicciones.
  8. Sus demandas son imperativas, incluso pueden recurrir a ‘forzar’ razones lógicas para lograr sus propósitos.
  9. Utilizan pseudoverdades universales aprovechando los principios morales de los demás para satisfacer sus necesidades. Como, por ejemplo, la caridad, la tolerancia o el perdón. 
  10. Pueden llegar a la amenaza o el chantaje de forma abierta. 
  11. Carecen de empatía. No tienen en cuenta las necesidades, demandas y deseos de los otros aunque proclamen lo contrario. 
  12. Desprecian los sentimientos y puntos de vista de los demás. 
  13. No expresan claramente sus demandas, necesidades, sentimientos u opiniones; pretenden que adivinen lo que ellos quieren o necesitan. 
  14. Responden generalmente de forma confusa. 
  15. Se enojan cuando se les solicita que aclaren o amplíen la información. 
  16. Comunican sus mensajes de manera indirecta, especialmente cuando deciden no enfrentar una situación que les resulta incómoda. Utilizan a otras personas para que transmitan sus mensajes o lo hacen a través del teléfono o de una nota escrita. 
  17. Tienen gran versatilidad para cambiar de tema de acuerdo a sus necesidades. Utilizan ardides para focalizar la conversación en un punto que resulte más conveniente para ellos. 
  18. Piensan que los demás deben saberlo todo y responder inmediatamente a sus preguntas sin otorgar el tiempo necesario para que las otras personas piensen la respuesta. 
  19. Sus opiniones, comportamientos y sus sentimientos pueden varias según las personas o las situaciones de las que se trate.
  20. A pesar de ser ellos mismos muy cambiantes, no admiten que otros lo sean. Hacen creer a los demás que no deben cambiar nunca de opinión.
  21. Son muy permisivos consigo mismos y muy intolerantes con los demás. Las reglas están para que las cumplan los otros. 
  22. Disimulan sus errores y jamás los reconocen, aunque exista evidencia en su contra. No admiten críticas de ningún tipo. 
  23. No toleran los errores de los otros. Hacen creer a los demás que deben ser perfectos. 
  24. Son proclives a acusar a la persona vulnerable de sus defectos u errores. 
  25. Critican constantemente a todo y a todos. Ponen en duda las cualidades, la competencia y la personalidad de los demás. Critican enmascarada o abiertamente. 
  26. Lo distinto los asusta, porque los desplaza de los patrones conocidos donde se sienten seguros de poder ejercer eficazmente el control. 
  27. Para atenuar sus propias inseguridades, desvalorizan y juzgan. Se creen poseedores de un don especial que los hace infalibles y sabios. 
  28. Suponen que los demás son ignorantes e intentan hacer notar la superioridad que ellos creen tener. 
  29. Son egocéntricos, consideran que el mundo gira a su alrededor. 
  30. Culpabilizan constantemente a los demás aprovechando y explotando el vínculo familiar, la amistad, el amor, la ética profesiones, etc. Son expertos en la estrategia de ‘echar la culpa a los demás’. 
  31. Suelen no escuchar respetuosamente ni con el tiempo suficiente lo que los demás exponen salvo cuando ellos tienen algo que ganar. 
  32. Suelen sembrar cizaña y levantar sospechas para desestabilizar a los que consideran sus oponentes. 
  33. Suelen eludir las entrevistas o las reuniones que no les resulten ventajosas, aun habiendo comprometido su asistencia con anterioridad.
  34. La mentira es uno de sus principales recursos. 
  35. Hacen interpretaciones deformantes de la realidad. 
  36. Pueden ser muy celosos y controladores. 
  37. Juegan con el tiempo de los demás, esperan hasta el último momento para hacer un pedido o para dar una orden. 
  38. Pueden ser muy seductores. Dotados de gran intuición, suelen descubrir rápidamente qué tipo de seducción es más efectiva en la conquista de cada víctima. Algunos utilizan la seducción en forma de halagos o regalos, otros seducen ‘vendiendo’ una imagen de seguridad o protección, etc.  
  39. Entrampan a sus víctimas produciéndoles una sensación de malestar y de asfixia por falta de libertad. 
  40. Logran convertirse en el tema central de conversación de las personas que los conocen, se encuentren o no presentes. 
  41. Si lo consideran necesario, se victimizan utilizando para ello una imagen de soledad, de enfermedad o de pobreza exageradas para que se los complazca.  
  42. Tienen gran habilidad para detectar a las posibles ‘víctimas’ y les lleva muy poco tiempo descubrir su ‘Talón de Aquiles’. 
  43. Un manipulador sólo es anulado o superado por otro manipulador. Esta característica es fácilmente observable para el ojo entrenado cuando se presenta la oportunidad de ver a dos manipuladores juntos.



jueves 22 de julio de 2010

Crónicas tumbadas al sol: Un momento, por favor

...que estoy ¡desnuda! o casi. ¿Les suena? Alguien toca la puerta de casa una mañana de julio. La chica entra en estado de alerta, no sabe quién es, no espera a nadie, pero el desconocido atiza el timbre como si España acabara de ganar el Mundial de fútbol

Despavorida, busca en la habitación alguna prenda. Un vestido de verano, suficiente. Para entonces, ha pasado un minuto y el vecino ya ha tocado como tres veces y vociferado: "Hoooola". Ella abre la puerta con la sonrisa puesta aún colocándose el vestido y el vecino, que tonto no es, se anota una gracia: "¿Te acabas de levantar?". "¿Eh?, -responde ella sin acierto- no, qué va es que...estoy en casa y esas cosas".

"¿Te apetece este trozo de tortilla y un mus de chocolate casero?", pregunta él mientras abre el recipiente donde lleva los manjares. "Uff, sí, sí, qué buena pinta, me acabas de salvar el almuerzo. No sabía qué hacer para comer". Él la mira entre complacido y pícaro. Acaba de recibir sin querer una dosis de halago fácil que le dejará como nuevo al menos una horas.

Concluye la visita inesperada con un repaso visual del vecino a la azorada vecina. No sabe muy bien por qué ella apareció tras la puerta como si hubiera corrido una maratón. Media vuelta y cada uno a su casa entre agradecimientos varios.

¿A que estas cosas ocurren básicamente en verano? En invierno y otoño da como pereza despojarse de todo para andar por casa y lo rico es precisamente lo contrario: abrigarse y buscar calorcito entre mantas. Si llaman a la puerta, no hay problema.

Pero claro, a Europa ha llegado el verano entre olas de calor récord. Con muertos en Rusia por ahogamientos en fuentes y lagos, qué menos que deambular por la guarida ataviada con la mínima expresión textil, máxime si se tiene la suerte de contar con una vivienda generalmente fresca.

La cuestión es: ¿por qué la mayoría de los hombres, como el vecino de la emergencia gastronómica, cree que las mujeres en casa vamos decentemente vestidas y puede que hasta maquilladas y peinadas? Pues no. Peinadas, sí. Por aquello de que te miras al espejo y el pelo es un elemento de autoestima clave. Maquillada, ni de coña y con ropa, si hace calor, poca. Ropa interior cómoda y descalza. Punto final.

Después vienen los matices: discreción o exhibicionismo. Las mujeres discretas se aseguran que ninguna imagen se va a colar por las ventanas; a las otras, les da lo mismo y ofrecen generosas vistas a propios y extraños. Se asoman a balcones y ventanas sin pudor, haciéndose las librepensadoras. Quieren comunicar al mundo como que están en su casa y hacen lo que les place. Es una opción. 

Y más allá de los matices, las creencias: a los hombres les resulta inaudito que una mujer abra la puerta en ropa interior y nada chocante que lo haga un señor sudoroso sin camisa

Los mismos que no reparan en esa obviedad, ¿se han parado a pensar que a las mujeres les puede parecer molesto tener que vestirse en su propia casa para recibir un pedazo de tortilla y un mus, o cualquier otra cosa, y evitar así malos entendidos?.

¿Por qué mujer con poca ropa igual a mujer de moral distraída que dirían los antiguos? Hay casos y casos, pero si está en su casa....no hay lugar a dudas. Está como quiere. También está la educación. De acuerdo. Pero es válida para todos, ellos y ellas. Y el calor no es una excusa.

Moraleja: cuando toquen a la puerta de una vecina, paciencia, menos prisas. Si tarda un poco en dar señales, piensen que quizás acaban de romper su paz.

Para bailar en terrazas y discos, poco más.